Debemos invertir más en nuestra propia riqueza: Nuestro futuro está en la agricultura

En estos últimos meses después de haber pasado del estupor a la costumbre de los actos de corrupción descubiertos, no me queda más que concluir que el sector menos afectado por estos actos, pero el más golpeado financieramente de parte del Estado es el agrícola.

Vemos cómo centenas de millones de dólares se han perdido en proyectos no agrícolas sin sustentaciones económicas ni técnicas, plagados de corrupción.

Vemos que se han invertido otros millones en proyectos abandonados sin esperanzas de que funcionen. Esta experiencia nefasta nos tiene que llevar a la reflexión de que tenemos que tomar otro rumbo, tenemos que invertir en nuestra propia riqueza, nuestro patrimonio, nuestro futuro natural, ¿cómo se llama eso?, agricultura, y más agricultura.

Estoy seguro de que si el 10% de lo anteriormente mencionado se hubiera invertido en la agricultura, la situación económica del país sería diferente a estar supeditados del precio de un bien limitado o a créditos cada vez más onerosos.

Somos el primer país exportador de banano del mundo, uno de los primeros exportadores de camarón en cautiverio del mundo, el primer exportador de cacao fino de aroma en el mundo, importantes exportadores de atún, de aceite de palma africana y de madera; sin contar con los productos llamados no tradicionales, con un apoyo estatal mínimo, débil, insignificante, pero eso sí, con impuestos y leyes punitivas como en el caso bananero, como pensando que mientras más apretemos puertas adentro, más provecho sacamos. No es así, estamos equivocados, estamos complicando y desestimulando el futuro de la nación, cuyo nombre es producción y exportación agrícola.

No creo que es tarde para rectificar, a pesar del periodo eleccionario que atravesamos.

Si queremos impulsar la economía del país con recursos naturales propios, tenemos que volcarnos a la agricultura, dándole bienestar al agricultor, al consumidor nacional y al extranjero, y recursos a las arcas estatales.

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